La idea de trabajar me estremece. Me estremece especialmente porque no cuento con ningún motivo para hacerlo, aparte de, obviamente, ganar dinero. Si algún motivo tendría que subrayar sería el hecho de que quisiera parecer un tanto interesante, diferente. Pero genuinamente diferente. Es decir, ser un trabajador anti-trabajo. ¿Será por eso que estoy aplicando a ser practicante en una institución de arte? ¿Para poder estar rodeado de gente que “genuinamente” se apasiona por las producciones artísticas que les rodean en la oficina? Es que tal vez así mis intenciones también parecerán genuinas.

Genuinamente, yo quiero producir. Cada pintura, cada estatua, cada texto me inspira a crear. Yo me considero ya un artista, pero es cuestión de que otros vean lo mismo en mí. Crear. Primero crear un estilo. Tener las ideas bien puestas o en camino a que así estén, para así poder dejar una marca clara. Tener una firma reconocible. Luego poder promoverla. Crear. Crear bien y crear una buena campaña de marketing. Hablar con las personas correctas, acostarme con las indispensables. Invertir. Y luego, con el tiempo, comenzar a cosechar los productos de mi inversión. De mi arte. De mi anhelo por que mi nombre sea una marca registrada. Un estilo completamente egocéntrico, pero llamativo, provocador, con suficiente verdad como para reflejar mi vida, mis pasiones y mis sueños, pero con suficiente humo, ambigüedad, fantasía, como para que esas creaciones no se lleven todo lo que soy.

Porque después de ese acto de creación, de inversión para poder poner mi nombre en lo más alto de nuestro mundo. Después de ese proceso, quiero procrear. Quiero tomar esos amores que llevo tan apasionadamente dentro de mí y hacerlos crecer. Invertir. Quiero llevarte a lo mejor, darte lo mejor, darte algo único. Y en esa procreación quiero ahí sí dejar mi todo. Ya no habrá humo ni fantasía ni ambigüedad. Va a ser un “all-in” indiscutible. Y ahí verás que no se puede simplemente pretender rodearse de arte y admirarla y esperar que de esas miradas, de esas visitas al museo, de esas películas, la vida de uno se ilumine y torne intensa.

Porque esa intensidad con la que vivo es la que dejo cada noche en mis creaciones. En tu cuerpo. En mi arte.