Hoy Edmundo se levantó muy temprano para leer el periódico antes de clase y durante todo el día se ha estado quedando dormido. Y aunque Edmundo durmió poco durante el fin de semana, el hecho de que estaba divirtiéndose, riendo, saltando, bailando, le mantuvo despierto. De repente, en una clase, se sintió aludido. El profesor hablaba de minorías, de cómo las instituciones importantes de este mundo les favorecen. Es irónico cómo me favorecen a mí y así me convierten en una de las personas más afortunadas y privilegiadas y así me condenan a cargar la cruz de la felicidad inalcanzable.

—Cárgala siempre hacia adelante, desde temprano, sin quejarte mucho, siguiendo el sol hacia el oeste—.

Hoy se levantó Edmundo para ver al amor de su vida en el periódico. ¡Qué ilógico! O más bien, qué extraño para Edmundo el levantarse y sentirse orgulloso de ella sólo porque salió en el periódico. Su nombre, su apellido. Su cara diseñada para que quepa en las páginas sociales tan solicitadas por asientos vacíos de autobuses y metros cosmopolitas.

Ambos entramos a la misma institución. Tú favorecida y yo por favorecer, por mi nacionalidad, por traer algo diferente. Me condenan a conquistar el mundo. Al delirio de querer conquistar a las personas que controlan este mundo y enamorarlas para que aquéllos que lo controlarán mañana lleven algo de mí, de Ezequiel y Ernesto y Enrique. Uno tras otro creando un pasado que milagrosamente nos ha logrado legar pedazos de cruz que ahora le dejo a Edmundo para que los continúe cargando, cansado, con su periódico empapado de lágrimas.

—Cárgala hacia adelante, siempre, siguiendo el sol hacia el oeste—.

Hacia las llamas que nos dejarán las guerras del fin del mundo y sobre las cuales nadie leerá en ningún periódico. Envuelve tu cruz, mi cruz, la cruz de Enrique, Ernesto, Ezequiel y Emilio en aquellas páginas sociales que nunca podrán empaparse del sabor que dejan los sueños cuando se hacen trizas. Y deja caer la felicidad que fue inalcanzable para todos nosotros y que sólo será tuya y de ella y de las guerras perdidas que nos dejarán las llamas.