Ya no quiero estudiar absolutamente nada. Estoy cansado, aburrido, pero más que nada harto. Harto de que me digan lo que piensan de lo que pienso, no porque quieran, sino por obligación. ¿Acaso es eso lo que ocurre cuando uno decide formar parte de una sociedad? ¿De un grupo? ¿Dejar que las acciones de uno sean juzgadas por otros? ¿Dejar que mis acciones afecten a otros, al costo de que cualquier persona a la cual yo en teoría podría afectar, me pueda juzgar? El precio de poder influenciar es la exposición absoluta a la crítica, sea bienvenida o no. Pero en los estudios formales la gente, por obligación, tiene que hablar, discutir, dar notas, recibirlas. Aprender. Yo ya no quiero estar forzado a aprender. Ya no quiero ser igual que toda esta mierda. No quiero tener las mismas obligaciones, seguir las mismas reglas, vivir en la misma sociedad. Lo hago, lo hago porque no tengo otra opción. El mundo ha cambiado y a mí me llega al huevo si cambia más o si sigue igual. Yo no quiero subir al mismo bus que toda esta mierda. No quiero leer los mismos libros que toda esta mierda. No quiero leer las mismas noticias ni pensar en el mismo idioma. Yo invento. Yo me invento y te invento a ti y como te inventé y te enseño, tú me criticas. Pues te aviso desde ahora que cuando me harte de ti como me he hartado de este bus, ya no serás.